Santo Tomás de Aquino

«...fere totius philosophiae consideratio ad Dei cognitionem ordinatur...»

San Juan Pablo II y Santo Tomás de Aquino (8), P. Pablo Trollano IVE

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5. Razón y fe, voluntad y orden moral.

La deformación del concepto y naturaleza del hombre y de la verdadera antropología, trae consecuencias directas sobre las dos facultades supremas del hombre, la inteligencia y la voluntad. Del lado opuesto, el verdadero humanismo cristiano muestra el máximo de que son capaces dichas potencias. A continuación trataremos de indicar esta problemática según la presentó Juan Pablo II en sus discursos sobre Santo Tomás.

  1. Razón, verdad y fe.

Como habíamos notado al inicio, Juan Pablo II anticipa en su discurso de 1979 el tema central de la Fides et ratio, haciéndose eco de la problemática señalada por León XIII en la Aeterni Patris. Traemos a colación algunos párrafos más de los discursos del Papa Magno acerca de la relación fe y razón, solo para completar algunas ideas.

Hablando de la filosofía de Santo Tomás, explica el Papa porqué esta es sumamente idónea para ser ancilla fidei:

La conquista de la verdad natural, que tiene su fuente suprema en Dios Creador, como la verdad divina la tiene en Dios Revelador, ha hecho a la filosofía del Angélico sumamente idónea para ser la ancilla fidei, sin humillarse a sí misma y sin restringir sus campos de investigación, sino al contrario, adquiriendo desarrollos inimaginables por la sola razón humana[1].

En su relación con la teología, afirma el Papa que «es superfluo subrayar cuánto deba la misma teología a esta filosofía, al no ser ella sino fides quaerens intellectum o intellectus fidei. Por lo tanto, ni siquiera la teología podrá renunciar a la filosofía de Santo Tomás»[2]. Evidentemente, se trata de «la teología, entendida en el sentido pleno de Santo Tomás como una sabiduría que lleva a fundamentar el pensamiento y la acción sobre la contemplación; ésta estimula la acción, la inspira y la regula (cf. S. Th., I, q. 1, a. 6; II-II, q. 45, a. 3)»[3]. En este sentido, la teología Aristotélica que buscaba contemplar la verdad de la causa primera, se transforma en Teología que contempla la Verdad personal y trascendente, bajo cuya luz razón y fe se unen y subordinan sin mezcla ni confusión. Por esto Santo Tomás ha sido indicado por el Magisterio como un guía seguro tanto en filosofía como en teología:

No es posible reseñar todos los motivos que han inducido al Magisterio a elegir como guía segura en las disciplinas teológicas y filosóficas a Santo Tomás de Aquino; pero uno es, sin duda, éste: el haber puesto los principios de valor universal, que rigen la relación entre razón y fe. La fe contiene, en modo superior, diverso y eminente, los valores de la sabiduría humana, por esto es imposible que la razón pueda discordar de la fe y, si está en desacuerdo, es necesario revisar y volver a considerar las conclusiones de la filosofía. En este sentido la misma fe se convierte en una ayuda preciosa para la filosofía[4].

La negación de estos «principios de valor universal que rigen la relación fe y razón», constituyen un entorpecimiento real para la evangelización de una cultura que se separa cada vez más del evangelio, como recuerda el Papa Magno en la Inter munera academiarum:

el mayor desafío de nuestra época brota de la vasta y progresiva separación entre la fe y la razón, entre el Evangelio y la cultura… En efecto, el anuncio de la salvación encuentra muchos obstáculos, que brotan de conceptos erróneos y de una grave falta de formación adecuada[5].

Se necesitaba, para hacer frente a esta problemática, actualizar el cometido de la Academia Pontificia de Santo Tomás, y el Papa Juan Pablo II intentó promover esto en el año 1999, con la carta apostólica Inter munera academiarum recién mencionada, orientada a renovar sus estatutos:

me ha parecido oportuno renovar los Estatutos de la Academia Pontificia de Santo Tomás, a fin de que sea instrumento eficaz para bien de la Iglesia y de la humanidad entera. En las actuales circunstancias culturales, antes descritas, resulta conveniente, e incluso necesario, que esta Academia sea como un foro central e internacional para estudiar mejor y con más esmero la doctrina de Santo Tomás, de modo que el realismo metafísico del actus essendi, que impregna toda la filosofía y la teología del Doctor Angélico, pueda entrar en diálogo con los múltiples impulsos de la investigación y de la doctrina actuales[6].

P. Lic. Pablo Trollano IVE

______________

[1] Discurso (13 de septiembre de 1980), 4.

[2] Discurso (17 de noviembre de 1979), 6.

[3] Discurso al capítulo general de la Orden de los Predicadores (5 de septiembre de 1983), 4; cf. AAS 76 (1984) 90-98.

[4] Discurso (13 de septiembre de 1980), 4.

[5] Carta apostólica Inter munera academiarum (28 de enero de 1999), 1-2.

[6] Carta apostólica Inter munera academiarum (28 de enero de 1999), 4.

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